miércoles, 20 de marzo de 2013

¿Por qué Helga ama a Arnold?

Este fue mi primer post en el blog de la asociación de estudiantes de psicología de la USMA (enespiralonline.blogspot.com). Ya lo había preparado meses antes para una presentación que se hizo en la que se analizaron diferentes caricaturas y cuentos. Hice lo que pude analizando con lo poco que sabía, espero les guste:

-------------------


¡Oye Arnold! (Hey Arnold!) es una serie animada estadounidense, producida por la cadena Nickelodeon, que muestra la vida de un niño de 9 años en Hillwood City, una ciudad ficticia ubicada en el estado de Washington, pero que mezcla elementos de Brooklyn, New York, Seattle y hasta Londres.

Y vaya que Arnold es un personaje interesante: la pérdida de sus padres, el significado que le otorgaron ellos y sus abuelos a su nacimiento (supuestamente milagroso, durante la erupción de un volcán), la manera en que parece ser el Superyo de todos sus compañeros de salón (y de los adultos también) -algo así como un Pepe Grillo sin Pinocho, ayudando a quien se le ponga en frente-, su relación con sus abuelos: un veterano de guerra con ocasionales síntomas de estrés post-traumático y una señora que en cada capítulo se cree alguien diferente… en fin, en Arnold hay material para analizar de sobra. Sin embargo, hoy me enfocaré en el segundo personaje principal: Helga G. Pataki.

Helga, niña de 9 años con una sola ceja, está perdidamente enamorada de Arnold, pero lo oculta siendo grosera, antipática y ofendiéndolo constantemente. Tiene unos padres en extremos despreocupados y una hermana mayor llamada Olga. Helga nunca se llevó muy bien con su hermana por la envidia que le genera el hecho de que sus padres siempre la valoraran más. Es inteligente –tanto o más que su hermana-, gran poeta y poseedora de grandes dotes artísticos, aunque se los guarda para ella.

Helga no es tan inocente o positiva como Arnold, pero ama que él sí lo sea.


Ok, ya describimos (grosso modo) a nuestro personaje, vayamos al análisis:

Empecemos este viaje por Helga, teniendo en cuenta la siguiente premisa: “No hay persona capaz de dañarle más la vida a alguien que sus padres”. Seamos objetivos aquí: casi todos amamos a nuestros padres, nos trajeron al mundo, pero, hey…son quienes nos crean y nos crían; nuestro primer contacto social es con ellos y de la manera en que nos traten depende la manera en que trataremos no sólo a los demás y a nuestro entorno, sino también a nosotros mismos. Es por esto que me parece obvia la relevancia que tiene el analizar a los padres de Helga y su dinámica familiar para llegar a una conclusión sobre su comportamiento.

Empecemos con su padre: Bob Pataki. De su infancia no se conoce mucho, en la serie sólo se muestra cómo es en la actualidad, no los hechos que lo llevaron a ser como es. Sin embargo, se sabe que proviene de una familia pobre y que trabajó duro para formar su propia empresa, de la cual se enorgullece mucho. Esto es un factor a tomar en cuenta sobre el señor Bob: es un hombre que valora mucho el trabajo duro y el sacrificio. Trata a todos aquellos que lo rodean como inferiores pues considera que el respeto, al igual que todo en la vida, se gana a punta de trabajo.

A raíz de que desde pequeño aprendió que la única forma de triunfar y ser exitoso era mediante el trabajo, se forja una personalidad que no admite la debilidad dentro de su estructura. Al menos, lo que según una sociedad patriarcal machista significa “debilidad”: dejar ver a los demás que se tienen sentimientos, que a veces se sufre, que se llora…

“Los Pataki no hablamos las cosas, las ocultamos bajo el tapete” – Bob Pataki, capítulo: Helga va al psiquiatra


De esta estructura machista de Bob nace su negligencia a la hora de reflejar sentimientos hacia su familia. Expresa sus emociones y orgullo en base a la adquisición de trofeos, premios y dinero.

Bob intenta inculcar esta actitud en sus hijas, lográndolo con la primera, Olga, quien es la típica hija overachiever (común de los primogénitos), orientada a sobresalir siempre en todo lo que hace; sin embargo, Bob fracasa al intentarlo con su segunda hija, Helga.

En cuanto a la madre, Miriam proviene de una familia de clase media alta o alta, mimada por sus padres desde siempre, a pesar de contar con habilidades artísticas, no puede desempeñarse adecuadamente en este campo, o en ningún otro, debido a que la sobreprotección de sus padres la han convertido en una mujer conformista, temerosa de salir de su zona de confort en busca de su autorrealización.

Miriam se casa con Bob Pataki, un joven empresario en potencia con un futuro prometedor y actitud dominante, alguien en quien ve lo mismo que veía en sus padres: un sustento seguro. La excusa perfecta para no tener que hacer nada y vivir cómodamente.

Sin embargo, Miriam no es completamente feliz por haber abandonado sus sueños y haberse entregado a la comodidad que le brinda su esposo, quien asume toda la responsabilidad por creerla incapaz de ser eficiente en sus tareas. Debido a este trato, Miriam desarrolla sentimientos de inferioridad y cae en una depresión que es clara durante toda la serie y que sólo parece atenuarse cuando su hija mayor, Olga, aparece. Es fácil ver por qué Miriam sólo se “sale” de su depresión ante la presencia de su hija: ve en ella el reflejo de todo aquello que ella no logró ser a falta de padres que la alentaran a superarse y trabajar por cumplir sus sueños. De aquí concluimos que:


  • Miriam cumple sus sueños por medio de su hija
  • Siente gran agradecimiento hacia Bob, por moldear a Olga de la manera en que ella quisiera haber sido moldeada, y por darle un lugar seguro para vivir. De alguna manera, Miriam consigue lo mejor de sus dos mundos psíquicos: mantenerse bajo el manto de sus padres (Bob), y realizar sus sueños (por medio Olga)


En cuanto a su relación con Helga, Miriam está tan sumida en su depresión que no le presta atención a su hija menor, quien no tiene más remedio que el de independizarse de ambos padres y buscar lo que ellos deberían ofrecerle, en otros.

Los sentimientos de amor y cariño de Helga hacia su familia no son recíprocos y esto es algo de lo que Helga se hace consciente desde muy pequeña: en un capítulo (“Helga va al psiquiatra”), se muestra una escena en que Helga, a los 5 años, le dice a su padre “papá, yo también soy tu hija” luego de que este la ignorara por ver a su hija mayor tocar el piano.

Es a causa de este desinterés por parte de sus padres que el amor que siente hacia ellos se convierte en algo desagradable y debe desplazarlo; es decir, transfiere la energía psíquica invertida en un objeto que produce angustia, hcia un objeto menos angustiante. En este caso, el amor que Helga deposita en su familia le genera displacer, por lo que pronto debe recurrir a un objeto menos angustiante: Arnold.

Cómo se convierte Arnold en un objeto menos angustiante? En el episodio ya mencionado, Helga nos revela que justo después de que su padre la rechazara por ver a su hermana mayor, ella se retira sola de la casa hacia el kínder. En el camino llueve, la acata un perro y un carro, al pasar sobre un charlo, la baña en lodo. Pero de pronto aparece Arnold, cubriéndola con un paraguas y diciéndole “me gusta mucho tu lazo rosado, porque combina con tu ropa”.

En ese momento Helga ve en Arnold una salida a su miseria: encuentra a alguien amable, cariñoso y que se preocupa por ella; cualidades que no ha encontrado nunca en sus padres.

Helga pronto vuelva toda la carga emotiva que guarda hacia Arnold. Poco después, un chico en el kínder le quita unas galletas a Helga, ella empieza a llorar –cabe destacar que en este momento Helga no es un bully como lo es de grande- pero pronto Arnold se acerca y le da una de sus galletas. Helga reacciona sonrojándose muy evidentemente y sus compañeros empiezan a burlarse de ella. Aquí Helga entra en caos. El mismo objeto que le había generado tantos buenos sentimientos, ahora era la causa de su humillación.

Arnold se convierte entonces en un objeto extraño: es un conjunto de identificaciones proyectivas patológicas de energías positivas y negativas, que crea en Helga confusión. Helga reacciona como reaccionaríamos todos ante un objeto extraño: con hostilidad. Y así empieza el patrón de comportamiento tan ambivalente de Helga hacia Arnold: lo ama, pero demuestra públicamente que lo odia a fin de evitar una nueva humillación.

Helga se identifica con la proyección que ha impuesto en lo que para ella significa Arnold. Es fuente tanto de su angustia como de sus mejores sentimientos. Es evidente la relación patológica que tiene Helga con este objeto, pero como ella misma dijo en terapia:

“Nadie sabe que existo, creo que me volvería loca si no fuera por Arnold.”

No hay comentarios:

Publicar un comentario