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jueves, 28 de marzo de 2013
Cuenta una canción #3: Soñé
El sol apenas empezaba a asomarse cuando tu roce me despertó.
Soñé con tus labios y su codicia, siempre buscando besar más que mi piel. Soñé que lo lograban, que mi alma en tus labios se perdía y bailaba a tu ritmo cada vez que me besabas.
Soñé con un mundo perfecto, en el que estábamos tú y yo, creando diariamente un futuro para los dos, libres de ataduras. Teníamos problemas y los solucionábamos al hablar. A veces tu me odiabas y yo tuve que besarte hasta hacerte recordar cada pequeño motivo por el que me amabas.
Soñé que bailabas a tu propio ritmo, como siempre. Que nuestro fuego quemaba eternamente y en tu pecho descansaba. Soñé que te besaba y tu nunca decías no, que la vida de alguna forma nos había favorecido, y ahora nos ofrecía un futuro que, compartido, se veía prometedor.
Soñé que estábamos juntos al fin, unidos compartiendo la comida, las palomitas en el cine, las visitas familiares. Soñé que recorría todos tus lunares, memorizándome tu mapa.
Soñé que eras mi aire, y que me respirabas; que en un rincón del cielo nuestro amor se escondía, jugaba durante el día y se acurrucaba en la noche mientras las estrellas desfilaban al ritmo de nuestras voces.
Soñé contigo y tu mirada, con lo cálida que era y en cómo, donde fuera, me hipnotizaba.
Soñé que nos acostábamos, juntos como siempre, unidos por esos hilos que sembramos bajo la piel, que, alimentados de amor, unieron estos dos continentes.
Tu roce me despertó, y mis labios besaste. Mi alma te extrañó y desee volver a soñarte.
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Inspirado en: Soñé de Zoé.
domingo, 24 de marzo de 2013
Cuenta una canción #2: El picnic
"Traje emparedados de tuna, sé cuanto te gustan. Si, sé que se hace un poco tarde, sólo tenemos una hora, lo sé. Tranquila. El tiempo no importa cuando estamos juntos."
Eran las 12 y cuarto, y ella, como siempre, me apuraba. Nunca le he hecho caso, aunque siempre tenga la razón. Me encanta verla enojarse, sus mejillas ganan un tono rojizo, y me es casi imposible resistir las ganas de besarla, desnudarla, ver en qué partes se sonroja con el roce de mis dedos, recitarle un "Te amo" al oído y sentir nuestros cuerpos chocar a la velocidad de la luz y despacio a la vez.
Pero ella no me dejaría. No. Siempre prefirió tentar hasta el extremo de volverse insoportable, para luego ofrecer una excusa y volverse a dormir.
"Si, mi amor, de dieta. Sé que no puedes tomar del regular. No, tranquila, aún tenemos tiempo."
Ya daban un cuarto para la una, hormigas empezaban a hacer fila entre el verde pasto a nuestro alrededor. Excelente trabajo hacían para mantenerlo tan limpio, verde y a nivel. No estaba tan alto como para que sus hojas molestaran al caminar, ni tan bajo como para que estuvieran puntiagudas y picaran al sentarse. El lugar era perfecto para un picnic, habían muchas flores para mi gusto, pero ella las amaba. A nadie se le ocurría venir a hacer un picnic acá. Sólo ella podría haber elegido un lugar tan perfecto como este.
"Está bien, mi amor. No tienes que comerlo si no te apetece. Sólo quería pasar un momento contigo. No, si...lo sé, tranquila, el jefe seguro está en una junta y llega tarde, tengo tiempo."
Siempre me habían dicho que las mujeres eran difíciles, pero nunca pensé que tanto.
Tampoco pensé que alguna fuera capaz de hacerme tan feliz.
Su sonrisa hace que todo valga la pena. Las peleas, los regaños a toda hora, el estar constantemente apurada, el no poder desayunar cereal con leche frente a ella porque le da asco. Todo esto se borra con una sonrisa. Ella sabe el poder que tiene sobre mi.
"No, no he hablado con mi madre. No, no me está metiendo ninguna idea, bebé, tranquila...te amo y siempre lo haré, no tienes de qué preocuparte, no importa cuántas cosas me digan de ti-No...nono, nadie me ha dicho nada, sólo decía, en caso de que alguien dijera algo malo de...- No, no quise decir eso, nadie tendría nada malo que decir de ti, nunca. Eres perfecta mi amor...-Si, si, sé que nadie es perfecto. Pero tu eres perfecta para mi -No mi amor, claro que no sólo para mi, eres perfecta para todos -Si, tienes razón, nadie es perfecto, pero..."
Esto podría seguir por horas.
Nadie nunca me dijo que las mujeres eran tan difíciles. Siempre pensé "todo sería más fácil si tú no existieras...mi relación con mi madre, mi asistencia al trabajo, podría tener más amigos, desayunar en el comedor...todo esto, si tú no existieras." Pero me equivoqué.
"Adiós, preciosa. Ojalá mi oficina quedara junto al cementerio. No, tranquila, estoy a tiempo. Claro que mañana también vendré. Nah, no perderé mi trabajo.
Te amo. Siempre lo hice. Siempre lo haré."
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Esta historia está inspirada en la canción "Si tu no existieras" de Ricardo Arjona, y forma parte del segmento "Cuenta una canción" de este blog.
Eran las 12 y cuarto, y ella, como siempre, me apuraba. Nunca le he hecho caso, aunque siempre tenga la razón. Me encanta verla enojarse, sus mejillas ganan un tono rojizo, y me es casi imposible resistir las ganas de besarla, desnudarla, ver en qué partes se sonroja con el roce de mis dedos, recitarle un "Te amo" al oído y sentir nuestros cuerpos chocar a la velocidad de la luz y despacio a la vez.
Pero ella no me dejaría. No. Siempre prefirió tentar hasta el extremo de volverse insoportable, para luego ofrecer una excusa y volverse a dormir.
"Si, mi amor, de dieta. Sé que no puedes tomar del regular. No, tranquila, aún tenemos tiempo."
Ya daban un cuarto para la una, hormigas empezaban a hacer fila entre el verde pasto a nuestro alrededor. Excelente trabajo hacían para mantenerlo tan limpio, verde y a nivel. No estaba tan alto como para que sus hojas molestaran al caminar, ni tan bajo como para que estuvieran puntiagudas y picaran al sentarse. El lugar era perfecto para un picnic, habían muchas flores para mi gusto, pero ella las amaba. A nadie se le ocurría venir a hacer un picnic acá. Sólo ella podría haber elegido un lugar tan perfecto como este.
"Está bien, mi amor. No tienes que comerlo si no te apetece. Sólo quería pasar un momento contigo. No, si...lo sé, tranquila, el jefe seguro está en una junta y llega tarde, tengo tiempo."
Siempre me habían dicho que las mujeres eran difíciles, pero nunca pensé que tanto.
Tampoco pensé que alguna fuera capaz de hacerme tan feliz.
Su sonrisa hace que todo valga la pena. Las peleas, los regaños a toda hora, el estar constantemente apurada, el no poder desayunar cereal con leche frente a ella porque le da asco. Todo esto se borra con una sonrisa. Ella sabe el poder que tiene sobre mi.
"No, no he hablado con mi madre. No, no me está metiendo ninguna idea, bebé, tranquila...te amo y siempre lo haré, no tienes de qué preocuparte, no importa cuántas cosas me digan de ti-No...nono, nadie me ha dicho nada, sólo decía, en caso de que alguien dijera algo malo de...- No, no quise decir eso, nadie tendría nada malo que decir de ti, nunca. Eres perfecta mi amor...-Si, si, sé que nadie es perfecto. Pero tu eres perfecta para mi -No mi amor, claro que no sólo para mi, eres perfecta para todos -Si, tienes razón, nadie es perfecto, pero..."
Esto podría seguir por horas.
Nadie nunca me dijo que las mujeres eran tan difíciles. Siempre pensé "todo sería más fácil si tú no existieras...mi relación con mi madre, mi asistencia al trabajo, podría tener más amigos, desayunar en el comedor...todo esto, si tú no existieras." Pero me equivoqué.
"Adiós, preciosa. Ojalá mi oficina quedara junto al cementerio. No, tranquila, estoy a tiempo. Claro que mañana también vendré. Nah, no perderé mi trabajo.
Te amo. Siempre lo hice. Siempre lo haré."
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Esta historia está inspirada en la canción "Si tu no existieras" de Ricardo Arjona, y forma parte del segmento "Cuenta una canción" de este blog.
sábado, 23 de marzo de 2013
Cuenta una canción #1: Gasolina
Algunas personas piensan que la vida es tan compleja. Que es más compleja de lo que parece. Nadie nunca se va a lo simple, a lo mundano, y lo aprecia por lo que es: esencial. Como el fuego. Es increíble lo mucho que se puede crear al quemar un poco de gasolina.
Luis nunca me quiso. Yo siempre lo quise a él. El problema era claro, la solución, no tanto.
Ramón, el compañero de cuarto de Luis, estudiaba química, al igual que yo, y era el mejor de su clase, estábamos dando octanaje y él había comprado varios litros de gasolina, de diferentes octanajes, para estudiarlos por su cuenta. Overachiever dicen algunos, yo diría que tenía visión. Habría sido fácil enamorarme de él, pero la gasolina no quema al echarle más gasolina, sino al echarla al fuego. Ramón me caía bien hasta que le oí hablar mal de mi con Luis. Pero lo dejé pasar. Nunca he sido una persona muy compleja.
Laura, la novia de Luis, estudiaba para ser piloto. Luis aún guardaba las turbinas, lo único que sobrevivió del avión a escala que él le había regalado cuando empezaron su relación. Siempre peleaban, y en una de esas peleas, el pobre avión pagó con su vida el precio de algo en lo que él nunca estuvo involucrado. Irónico. Yo nunca me opuse a que guardara este memento a la histeria de Laura, nunca me opuse o estuve a favor de nada de lo que él hiciera. Yo sólo lo amé. Sencillamente. Sin complejidades.
Odio a estos guardias. Ninguno fuma.
Amaba cocinarle. Él siempre disfrutaba mi pasteles, aunque estuvieran un poco quemados. La gasolina le da un sabor especial a la comida, jamás podría cocinar en un horno convencional.
Tres palabras bastan para cambiar la vida de una persona por completo. "Terminé con Laura" fueron mis tres palabras, mi motivación; mi gasolina.
Al día siguiente dejé otro pastel en su puerta, como cada viernes. Amaba verlo regresar agotado de sus viernes con sus amigos, y la sonrisa que se dibujaba en su cara al ver el pastel; ya no comía cuando salía, sabía que yo en casa le esperaba su pastel de cada viernes. Nunca me opuse a sus viernes de hombre tampoco. Nunca me opuse ni estuve a favor de nada. Yo sólo seguía. Él era mi gasolina, yo en él sólo buscaba combustión.
A la mañana siguiente, el pastel seguía allí.
"No llegó" pensé. "Quizá se quedó dormido de nuevo en el bar" Era común, ya otras veces habíamos disfrutado un paseo sabatino del bar a su cama. Siempre ha tenido el sueño tan profundo, nunca lo recordaba al día siguiente. Yo lo dejaba pasar. Nunca he sido una persona compleja.
Salí a buscarlo. Era una mañana hermosa, como todas. El sol quemaba su camino desde el vacío del espacio hasta mi piel, sentir su calor me hizo sentir más viva, como si su calor convirtiera mi sangre en gasolina, gasolina que corría a la velocidad de la luz por mis venas, quemándose en mi pecho, generándome un grato ardor.
Pero pronto lo grato se volvió desagradable.
Allí estaba yo, bajando las escaleras, y allí venía él, subiéndolas. Con ella.
Nunca entendí por qué me encerraron aquí. A mi siempre me gustó la gasolina. Todos lo sabían. De chica nos tuvimos que mudar varias veces. Siempre eran casas de madera. A todos les gusta quemar.
Prendí la turbina primero, pero pronto la apagué. Preferí conservarla. Una especie de recuerdo, tenía su olor. Amaba su perfume, era barato, mucho alcohol...bastante inflamable.
Lo siento, Ramón. Quemé toda tu gasolina. No pude evitarlo, me encanta la gasolina.
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Esta historia fue inspirada en al canción "Gasolina" de Daddy Yankee, y es el primero de varias historias que planeo crear con canciones aleatorias que me dará gente o sacaré de por ahí. Es mi forma de crearme inspiración en todo momento. Espero les haya gustado y les gusten los próximos.
Luis nunca me quiso. Yo siempre lo quise a él. El problema era claro, la solución, no tanto.
Ramón, el compañero de cuarto de Luis, estudiaba química, al igual que yo, y era el mejor de su clase, estábamos dando octanaje y él había comprado varios litros de gasolina, de diferentes octanajes, para estudiarlos por su cuenta. Overachiever dicen algunos, yo diría que tenía visión. Habría sido fácil enamorarme de él, pero la gasolina no quema al echarle más gasolina, sino al echarla al fuego. Ramón me caía bien hasta que le oí hablar mal de mi con Luis. Pero lo dejé pasar. Nunca he sido una persona muy compleja.
Laura, la novia de Luis, estudiaba para ser piloto. Luis aún guardaba las turbinas, lo único que sobrevivió del avión a escala que él le había regalado cuando empezaron su relación. Siempre peleaban, y en una de esas peleas, el pobre avión pagó con su vida el precio de algo en lo que él nunca estuvo involucrado. Irónico. Yo nunca me opuse a que guardara este memento a la histeria de Laura, nunca me opuse o estuve a favor de nada de lo que él hiciera. Yo sólo lo amé. Sencillamente. Sin complejidades.
Odio a estos guardias. Ninguno fuma.
Amaba cocinarle. Él siempre disfrutaba mi pasteles, aunque estuvieran un poco quemados. La gasolina le da un sabor especial a la comida, jamás podría cocinar en un horno convencional.
Tres palabras bastan para cambiar la vida de una persona por completo. "Terminé con Laura" fueron mis tres palabras, mi motivación; mi gasolina.
Al día siguiente dejé otro pastel en su puerta, como cada viernes. Amaba verlo regresar agotado de sus viernes con sus amigos, y la sonrisa que se dibujaba en su cara al ver el pastel; ya no comía cuando salía, sabía que yo en casa le esperaba su pastel de cada viernes. Nunca me opuse a sus viernes de hombre tampoco. Nunca me opuse ni estuve a favor de nada. Yo sólo seguía. Él era mi gasolina, yo en él sólo buscaba combustión.
A la mañana siguiente, el pastel seguía allí.
"No llegó" pensé. "Quizá se quedó dormido de nuevo en el bar" Era común, ya otras veces habíamos disfrutado un paseo sabatino del bar a su cama. Siempre ha tenido el sueño tan profundo, nunca lo recordaba al día siguiente. Yo lo dejaba pasar. Nunca he sido una persona compleja.
Salí a buscarlo. Era una mañana hermosa, como todas. El sol quemaba su camino desde el vacío del espacio hasta mi piel, sentir su calor me hizo sentir más viva, como si su calor convirtiera mi sangre en gasolina, gasolina que corría a la velocidad de la luz por mis venas, quemándose en mi pecho, generándome un grato ardor.
Pero pronto lo grato se volvió desagradable.
Allí estaba yo, bajando las escaleras, y allí venía él, subiéndolas. Con ella.
Nunca entendí por qué me encerraron aquí. A mi siempre me gustó la gasolina. Todos lo sabían. De chica nos tuvimos que mudar varias veces. Siempre eran casas de madera. A todos les gusta quemar.
Prendí la turbina primero, pero pronto la apagué. Preferí conservarla. Una especie de recuerdo, tenía su olor. Amaba su perfume, era barato, mucho alcohol...bastante inflamable.
Lo siento, Ramón. Quemé toda tu gasolina. No pude evitarlo, me encanta la gasolina.
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Esta historia fue inspirada en al canción "Gasolina" de Daddy Yankee, y es el primero de varias historias que planeo crear con canciones aleatorias que me dará gente o sacaré de por ahí. Es mi forma de crearme inspiración en todo momento. Espero les haya gustado y les gusten los próximos.
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